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Kris Kuksi

“Como maestro rococó post industrial, Kris Kuksi ordena de forma obsesiva personajes y arquitecturas con un sentido exquisito del drama. En vez de piedras y conchas, usa soldaditos de plástico gritando, mecanismos en miniatura, elevados capiteles y escombros variados para formar sus paisajes. El conflicto político, espiritual y material dentro de estos santuarios interactúa con la mirada tranquila de deidades remotas y estatuas augustas. Kuksi manipula para evocar, a la vez, un santuario y un mausoleo para nuestro espíritu sofocado”

Guillermo del Toro

Pareciera ser natural sentir paz y serenidad cuando se observa una escultura de Kris Kuksi: vistas góticas intrincadas, paisajes expansivos pensadamente construidos de un tiempo antiguo… Es sólo cuando se observa de cerca que podemos ver la vitalidad que emerge junto a la oscuridad y el caos. Hay una sátira oscura escondida en estos trabajos. Los personajes que incluye saltan repentinamente con gusto, apuñalando el aire de forma frenética y disparando sus armas en miniatura. Híbridos humanos y bestias acechan en las tinieblas, pululando sin sentido. Las figuras más grandes que observan esta charada bizarra nos brindan una sonrisa maliciosa, sabiendo que están inmersos en un disparate, y que uno como observador tiene la opción de formar parte de aquella bufonada. Las obras de Kris Kuksi son una alegoría del mundo moderno. Representando escenas relacionadas con guerra mezcladas con iconografía religiosa y mitológica, presiona los botones precisos de nuestro propio arquetipo jungiano: el guerrero, el héroe, el villano, el loco. Nos asombramos sobre cómo podemos estar “en guerra” con nosotros mismos, con nuestro ambiente, y por qué a menudo actuamos como “el loco” cuando buscamos ganancias materiales. Kuksi piensa que la arquitectura de nuestra vida social tiene tantos ángulos agudos que parecen penetrarnos, sin olvidar la abundancia sobrestimulante de publicidad y placement que contamina todo lo que los ojos ven. Piensa que es el mundo moderno el que nos atormenta, el que ha alejado de nosotros cualquier lugar para el retiro espiritual y soledad. Construyendo sus esculturas con desechos post industriales que muchos de nosotros descartaríamos como basura, es que el autor encuentra su propio lugar de soledad creativa.

Las figurillas producidas en masa, desechos de la cultura popular y modelos históricos a escala son los que habitan en los reinos neoclásicos de Kuksi. La vastedad de detalles de su trabajo, la increíble fusión de simetría y caos, y el hecho de que esta contemplación moderna en torno a nuestro estado actual ha emergido desde el corazón del medio oeste norteamericano  ciertamente clama por preguntas como ¿Quién es Kris Kuksi? ¿Qué lo impulsa a hacer lo que hace? Y finalmente ¿Por qué gente influyente de diferentes culturas y subculturas se sienten tan atraídos por su trabajo? Creciendo en la Norteamérica rural al norte de Wichita, Kansas, todo en el ambiente de Kris Kuksi era común, lo que lo hacía sentir que para encajar en este ambiente debía conformarse con lo que todos hacían. La madre de Kris trabajaba duro para mantenerlo a él y a sus dos hermanos. El autor siempre la describe como una mujer hermosa, la persona más amable y dulce que nunca ha conocido. Su padre estuvo ausente, dejando a su madre poco después de que nació. Por otro lado, pasaba muchas horas con su abuela, una mujer muy inteligente que pudo ser maestra de escuela pero que eligió tener 10 hijos, siendo ella quien lo estimulaba a desarrollar su imaginación.

Cuando reflexiona en torno a la muerte de su padre, Kris recuerda que solo unas cuantas horas antes de terminar un workshop de pintura con Robert Venosa en Boulder, Colorado, recibió una llamada telefónica de su cuñada contándole que a su padre le quedaban 72 horas de vida. Eso lo confrontó a una de las más complejas preguntas de su vida: ¿debía reunirse con su padre biológico? Esta muerte coincidió con sus experiencias en aquel workshop y actuó como un punto de inflexión. Se sintió inspirado y decidió que no terminaría como su padre y que haría algo por sí mismo. Hizo un juramento personal, declarando que quería poner todo su esfuerzo en ser un artista exitoso.

“Mi padre era el polo opuesto de mi madre. Todo lo que escuche de él fueron historias sobre alcoholismo, enfermedades mentales, y una urgencia constante por impresionar a sus amigos con su colección de armas y cañones. No lo conocí o hablé con él hasta su lecho de muerte en noviembre de 2000, en el pequeño pueblo de Humansville, Missouri. Era un hombre demacrado, quejándose de dolor por un cáncer al pulmón, regalo del tabaco y el hábito de fumar por años. Yacía en la cama de un hospital frente a mí y sólo pude coger su mano y escucharlo quejarse como si se tratara de mi propia voz. No tuve la fortaleza de decirle nada y murió unas pocas horas después”. Kris Kuksi.

Desde niño, Kris quería vivir en castillos y en cuentos de hadas. Siempre aislado, más que nada por las severas fobias sociales de su madre, pronto adoptó de ella sus ansiedades, las cuales le tomó años liberarse. A pesar de estas dificultades y sentimientos tempranos de soledad, Kris aprendió a valorar es el trabajo duro, el servicio y una valoración sincera de la vida. Esta valoración por la vida a su vez, siempre estuvo acompañada por la fascinación por la muerte.

“… Al pensar que viví siglos atrás en el antiguo Egipto, construí templos en honor de la muerte, usando ladrillos de un granero abandonado. ¡Oh si!, era un chico extraño, pero uno que buscaba de verdad ser normal” Kris Kuksi.

A medida que Kris se convertía en adolescente y comienza sus años de escuela, sus horas estaban ocupadas con las clases de arte y sus primeras clases de pintura. A ojos de sus compañeros, se convirtió en una estrella. A pesar que gradualmente ganaba reconocimiento entre sus pares, la vida familiar de Kris transcurría en un estado cercano al encierro. Durante su adolescencia, el autor estaba rodeado de idealismo católico, con su familia monitoreando cada uno de sus movimientos.

“En mi vida adulta estaba concentrado en lo opuesto a mis amistades, queriendo viajar y ver cosas y rebelarme ante los ideales religiosos que me alejaron de cosas únicas en la vida”. Kris Kuksi.

Kris describe a su profesor de arte, Joe Pfannenstiel, como el ángel que lo impulsó a seguir una carrera artística. Fue aceptado en Fort Hays State University en Hays, Kansas, donde completó exitosamente una licenciatura y un master en pintura. Luego viajó por todo el mundo, introduciéndose en las técnicas de los antiguos maestros de Italia y Austria.

“Mis pinturas tempranas y montajes de ‘mixed media’ representan la cúspide del descubrimiento de mi mismo como artista. Era un constructor, no un pintor. Si me sueltas en un museo, encontraré donde están las esculturas europeas en un mapa. La escultura del renacimiento Italiano es lo que capta mi mayor respeto y admiración, Bernini es mi más grande héroe. ” KK.

A través de su trabajo y su vida, Kuksi demuestra que dos conceptos en conflicto pueden estar conectados y aún así mostrar simetría y armonía. La luz brilla a través de la oscuridad. Podemos aprender sobre los intersticios de la vida humana a partir de los detritos mecánicos. Un individuo puede hacer conexiones con la miseria tanto como con la abundancia. Los íconos religiosos pueden coexistir con las creaturas mitológicas. Los juguetes modernos pueden ser reconfigurados para verse como artefactos antiguos. Un tanque de guerra puede ser mutado en una iglesia, y un niño común de una pequeña ciudad puede desplegar su imaginación sin límites.

Fuente:

www.kuksi.com

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